El estofado de pato es de esos platos que con solo probarlo pueden remover tus recuerdos y transportarte en tiempo y espacio. Su olor muy particular hace pensar en los guisos de la abuela, las reuniones familiares y las cenas navideñas. Su preparación es muy parecida a la del estofado de carne común. Sin embargo, hay quienes consideran su piel es más gustosa y suave. Es importante aprovechar los jugos del pato en sí para mejorar el sabor final. Además, si lo preparas un día para consumirlo al siguiente, los condimentos habrán hecho todo el trabajo y tendrás un resultado alucinante. Trata de mantenerlo a fuego lento y evita que se seque demasiado para conservar la mayor cantidad de salsa posible.

El pato puede encontrarse durante casi todo el año en tiendas y supermercados, puedes elegir entre adquirirlo entero o por piezas. Generalmente, se aprovecha toda la pieza. Aunque la pechuga posee menos grasa. Es el protagonista de algunos de los platos míticos en culturas como la China y la francesa.

El vino jerez dará el toque especial al caldo porque es perfecto para macerar y condimentar. Por su parte, el higo es conocido como la fruta de los filósofos y su nacimiento se dio en la antigua Grecia. Su piel suave y relleno jugoso, se extendieron por todo el Mediterráneo. Los higos aportarán un elemento decorativo, así como, beneficios para la salud. Poseen calcio, potasio, fibra y minerales. Sin duda, nos enfrentamos a una receta milenaria, muy deliciosa y fuera de lo común. Por esto, busca todos los materiales y ponte ¡manos a la obra!