El conejo es de esos ingredientes que muchos quieren y odian a la vez. Su carne es una combinación de curiosidad y buen sabor que no todos pueden despreciar.

Se cree que este animal existe en Europa desde la época de los glaciares. Luego al estos ir desapareciendo, debieron trasladarse a otras zonas como España y África. En principio, su convivencia con los humanos no fue del todo fácil, eran considerados una plaga que se comía cultivos y raíces: resultando un dolor de cabeza para las zonas en donde habitaban. Los cazadores empezaron a considerarlos una presa de interés y se convirtió en alimento. Los conejos pueden reproducirse muy rápidamente por lo que, lejos de depredadores, podrían ser una gran fuente de sustento.

Dentro de la gastronomía es considerado muy saludable y apetitoso. En España, por ejemplo, se consumen toneladas al año y son ingrediente importante de una lista de recetas. El conejo también es fuente de vitaminas y proteínas, baja en calorías y colesterol. Su consumo es recomendado a personas con problemas de triglicéridos y colesterol. La carne es blanca, normalmente comparada con la del pollo. Debe mantenerse refrigerada y también puedes congelarla si quieres guardarla por largos períodos de tiempo. Si te sobran algunos pedazos, no debes deshacerte de ellos. Es un ingrediente que puede encajar en infinidad de ideas; anímate con las croquetas o salsas.

Esta receta es típica de las abuelitas y no puedes dejar de prepararla. Tus invitados la amarán y tu querrás repetirla una y otra vez. ¡Haz la prueba!